David Eddings

Garion —dijo ella con mucha calma—, el universo conocía tu nombre antes de que esa luna allá arriba surgiera del vacío. Constelaciones enteras te han estado esperando desde el principio de los tiempos. —No quería que lo hicieran, tía Pol. —Hay quienes no tenemos esa opción, Garion. Hay cosas que deben hacerse y ciertas personas que deben hacerlas. Es tan simple como eso. —Él sonrió con cierta tristeza al ver su rostro impecable y tocó suavemente el mechón blanco como la nieve de su frente. Entonces, por última vez en su vida, hizo la pregunta que había estado en sus labios desde que era un niño pequeño. —¿Por qué yo, tía Pol? ¿Por qué yo? —¿Puedes pensar en alguien más en quien confiarías para lidiar con estos asuntos, Garion? —Realmente no estaba preparado para esa pregunta. Le llegó con una sencillez cruda. Ahora, por fin, lo comprendió por completo. —No —suspiró—, supongo que no. Aunque de alguna manera parece un poco injusto. Ni siquiera me consultaron. —A mí tampoco, Garion —respondió ella—. Pero no hacía falta que nos consultaran, ¿verdad? El conocimiento de lo que tenemos que hacer nace con nosotros.
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Garion —dijo ella con mucha calma—, el universo conocía tu nombre antes de que esa luna allá arriba surgiera del vacío. Constelaciones enteras te han estado esperando desde el principio de los tiempos. —No quería que lo hicieran, tía Pol. —Hay quienes no tenemos esa opción, Garion. Hay cosas que deben hacerse y ciertas personas que deben hacerlas. Es tan simple como eso. —Él sonrió con cierta tristeza al ver su rostro impecable y tocó suavemente el mechón blanco como la nieve de su frente. Entonces, por última vez en su vida, hizo la pregunta que había estado en sus labios desde que era un niño pequeño. —¿Por qué yo, tía Pol? ¿Por qué yo? —¿Puedes pensar en alguien más en quien confiarías para lidiar con estos asuntos, Garion? —Realmente no estaba preparado para esa pregunta. Le llegó con una sencillez cruda. Ahora, por fin, lo comprendió por completo. —No —suspiró—, supongo que no. Aunque de alguna manera parece un poco injusto. Ni siquiera me consultaron. —A mí tampoco, Garion —respondió ella—. Pero no hacía falta que nos consultaran, ¿verdad? El conocimiento de lo que tenemos que hacer nace con nosotros.

Hechicera de Darshiva


Autor FraseaME

David Eddings


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