
Durante los primeros años de la Sociedad, ningún miembro personificó las excentricidades o la audaz misión de la organización más que Sir Francis Galton. Primo de Charles Darwin, había sido un niño prodigio que, a la edad de cuatro años, podía leer y recitar latín. Llegó a idear miríadas de inventos. Entre ellos se incluían un sombrero de copa ventilado; una máquina llamada Gumption-Reviver, que periódicamente le mojaba la cabeza para mantenerlo despierto durante interminables estudios; gafas subacuáticas; y una máquina de vapor de paletas giratorias. Sufriendo de crisis nerviosas periódicas —»esguince cerebral», como él lo llamaba— tenía una compulsión por medir y contar prácticamente todo. Cuantificó la sensibilidad del oído animal, usando un bastón que podía hacer un silbido discreto; la eficacia de la oración; la edad promedio de muerte en cada profesión (abogados: 66,51; médicos: 67,04); la cantidad exacta de cuerda necesaria para romper el cuello de un criminal sin decapitarlo; y los niveles de aburrimiento (en las reuniones de la Real Sociedad Geográfica, contaba la cantidad de personas que se inquietaban entre los asistentes).
La ciudad perdida de Z: Una historia de obsesión mortal en el Amazonas

David Grann
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