
En mi mente, ella era Lebkuchen Spice: irónica, germánica, sexy y poco convencional. Y, Dios mío, la chica horneaba unas galletas buenísimas… hasta el punto de que quería responderle «¿Qué quieres para Navidad?» con un simple «¡Más galletas, por favor!». Pero no. Me advirtió que no fuera un listillo, y aunque esa respuesta fue totalmente sincera, temía que pensara que estaba bromeando o, peor aún, intentando congraciarme con ella. Era una pregunta difícil, sobre todo si tenía que reprimir el sarcasmo. Es decir, estaba la respuesta típica de concurso de belleza: la paz mundial, aunque probablemente tendría que escribirla con la ortografía típica de concursos de belleza: «el mundo de los guisantes». Podría hacerme el llorón y desear que toda mi familia estuviera junta, pero eso era lo último que quería, sobre todo a estas alturas.
El libro de retos de Dash y Lily

David Levithan
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