
Por mi parte, nunca he dejado de alegrarme de que Dios me haya designado para tal cargo. La gente habla del sacrificio que he hecho al pasar gran parte de mi vida en África. ¿Acaso es un sacrificio que trae consigo su propia y bendita recompensa en forma de actividad saludable, la conciencia de hacer el bien, paz interior y una brillante esperanza de un destino glorioso en el más allá? ¡Fuera la palabra sacrificio! Digamos más bien que es un privilegio. La ansiedad, la enfermedad, el sufrimiento o el peligro, de vez en cuando, junto con la renuncia a las comodidades y caridades comunes de esta vida, pueden hacernos detenernos, hacer que el espíritu vacile y el alma se hunda; pero que esto sea solo por un momento. Todo esto no es nada comparado con la gloria que se revelará en y para nosotros. Nunca hice un sacrificio.

David Livingstone
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