
Si tuviéramos que afrontar nuestra naturaleza humana de frente, ¿cómo propondríamos educar? La respuesta, creo, está implícita en la raíz de la palabra educación, educir, que significa «extraer». Lo que necesitamos extraer es nuestra afinidad por la vida. Esa afinidad necesita oportunidades para crecer y florecer, necesita ser validada, necesita ser instruida y disciplinada, y necesita ser canalizada hacia el objetivo de construir sociedades humanas y sostenibles. Una educación que se base en nuestra afinidad por la vida conduciría a una especie de despertar de posibilidades y potenciales que yacen latentes e inactivos en la mentalidad industrial-utilitaria. Por lo tanto, la tarea de la educación, como afirmó Dave Forman, es ayudarnos a «abrir nuestras almas para amar este planeta glorioso, exuberante y lleno de vida». La buena noticia es que nuestra propia naturaleza nos ayudará en el proceso si se lo permitimos.

David Orr
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