
La rendición es la máxima señal de fortaleza y el fundamento de una vida espiritual. Rendirse afirma que ya no estamos dispuestos a vivir en el dolor. Expresa un profundo deseo de trascender nuestras luchas y transformar nuestras emociones negativas. Reivindica una vida más allá de nuestros egos, más allá de esa parte de nosotros mismos que continuamente nos recuerda que estamos separados, diferentes y solos. Rendirse nos permite regresar a nuestra verdadera naturaleza y movernos sin esfuerzo a través de la danza cósmica llamada vida. Es una poderosa declaración que proclama el orden perfecto del universo. Cuando te rindes, estás diciendo: «Aunque las cosas no sean exactamente como me gustaría, afrontaré mi realidad. La miraré directamente a los ojos y permitiré que esté aquí». Rendición y serenidad son sinónimos; no puedes experimentar una sin la otra. Así que, si buscas serenidad, está cerca. Todo lo que tienes que hacer es renunciar a ser el director general del universo. Elige confiar en que hay un plan superior para ti y que, si te rindes, se irá revelando con el tiempo. Rendirse es un regalo que puedes darte a ti mismo. Es un acto de fe. Es decir que, aunque no puedo ver hacia dónde fluye este río, confío en que me llevará en la dirección correcta.
Divorcio espiritual: El divorcio como catalizador para una vida extraordinaria

Debbie Ford
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