
La naturaleza adora la eficiencia, lo cual resulta muy extraño para algo que supuestamente funciona al azar. Cuando dejas caer una pelota, cae en línea recta sin desviarse inesperadamente. Cuando dos moléculas con potencial para unirse se encuentran, siempre se unen; no hay lugar para la indecisión. Este gasto mínimo de energía, también llamado ley del mínimo esfuerzo, también se aplica a los seres humanos. Ciertamente, nuestros cuerpos no pueden escapar a la eficiencia de los procesos químicos que tienen lugar en cada célula, por lo que es probable que todo nuestro ser esté regido por el mismo principio. Este argumento también se aplica al crecimiento personal: la idea de que cada persona hace lo mejor que puede desde su propio nivel de consciencia.
El Libro de los Secretos: Desbloqueando las Dimensiones Ocultas de Tu Vida

Deepak Chopra
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