
Le quitó el bolígrafo y el libro y titubeó. —Escribe cualquier cosa, cualquier cosa trivial que no importe si sucede. —Ejem… Dios, era un inútil en esto. El pelo de Elena se volvió azul. —¡Oye! —¿Qué? —¡No quiero el pelo azul! ¿Por qué demonios escribiste eso? —Parecía trivial. —¿Pelo azul? ¿Azul? ¿Eso es trivial? ¿Y si no puedo deshacerlo? Karl la miró fijamente. Se le secó la garganta. Se sentía como un completo idiota, pero escribir no era su fuerte, así que optó por el humor y le dedicó una sonrisa. —Iba a escribir que se te caería toda la ropa, pero pensé que podrías tener un problema con eso. Esto fue lo segundo que se me ocurrió. (Karl y Elena)
El bolígrafo de las brujas

Diana Hardy
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