Dianne Duvall

—Siéntate —ordenó, señalando su cama con la cabeza. Él la miró con incertidumbre—. No puedo. Mancharé las sábanas. Ella lo miró fijamente—. ¿Estás bromeando, verdad? Tenía heridas profundas que sangraban profusamente, ¿y le preocupaba manchar su ropa de cama? —Quizás si me limpio un poquito… —Siéntate —ordenó, señalando la cama matrimonial. Con las cejas arqueadas, se sentó tan rápido que ella casi se echó a reír.
– Dianne Duvall –


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—Siéntate —ordenó, señalando su cama con la cabeza. Él la miró con incertidumbre—. No puedo. Mancharé las sábanas. Ella lo miró fijamente—. ¿Estás bromeando, verdad? Tenía heridas profundas que sangraban profusamente, ¿y le preocupaba manchar su ropa de cama? —Quizás si me limpio un poquito… —Siéntate —ordenó, señalando la cama matrimonial. Con las cejas arqueadas, se sentó tan rápido que ella casi se echó a reír.

Espada de la Oscuridad


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Dianne Duvall


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