
La novela debe contar la verdad, tal como yo la veo, o como el novelista me persuade a verla. Y una exigencia más: espero que el novelista aspire a mejorar el mundo. Como novelista, quiero ser más que un perro más ladrando a los otros perros que me ladran a mí. No por la vana esperanza de que un novelista, o todos los novelistas virtuosos a coro, puedan marcar una gran diferencia para bien, salvo a largo plazo, sino por la necesidad de evitar que el mundo humano se relaje y empeore. Mantener la tensión entre la verdad y la falsedad, la belleza y la fealdad, el bien y el mal. Creo que el deber más elevado del novelista serio es, cualesquiera que sean los medios o la técnica, ser un crítico de su sociedad, exigirle que se atenga a sus propios ideales, o si estos ideales son indignos, sugerir ideales mejores.
Postales de Ed: Despachos y salvas de un iconoclasta estadounidense

Edward Abbey
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