
Aunque no podemos alcanzar a Jesús en su plenitud a menos que consideremos su singular relación con Dios, la cual posee una naturaleza especial, esto no significa que su singular forma de vida sea el único camino hacia Dios. Pues incluso Jesús no solo revela a Dios, sino que también lo oculta, ya que apareció entre nosotros como una criatura humana, no divina. Como hombre, es un ser histórico y contingente que de ninguna manera puede representar la plenitud de la riqueza de Dios, a menos que se niegue la realidad de su verdadera humanidad (lo cual contradice el consenso de la Iglesia). Por lo tanto, el Evangelio mismo nos prohíbe hablar de un imperialismo y exclusivismo religioso cristiano.
Jesús en nuestra cultura occidental: misticismo, ética y política

Edward Schillebeekx
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