
Como seres humanos, tenemos una infancia larga, y una de las funciones de esa infancia es moldear nuestro cerebro. Disponemos de años —unos doce— para trazar los contornos de la forma que queremos que tenga nuestro cerebro. Algunas partes deben moldearse en momentos cruciales. Al fin y al cabo, no se pueden esculpir los dedos de los pies si no se sabe dónde irá el pie. Necesitamos herramientas para realizar este trabajo minucioso. Esas herramientas son nuestras experiencias infantiles. Y estoy convencido de que una de esas experiencias deben ser los libros infantiles. Y deben disfrutarse durante los primeros años de nuestra infancia.
¡Habla, habla!: Una autora de libros infantiles se dirige a los adultos.

EL Konigsburg
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