
La vida, si la persigues con tanta vehemencia, te llevará a la muerte. El tiempo, cuando lo persigues como a un bandido, se comporta como tal, siempre un condado o una habitación por delante, cambiando de nombre y color de pelo para eludirte, escabulléndose por la puerta trasera del motel justo cuando entras a trompicones en el vestíbulo con tu nueva orden de registro, dejando solo un cigarrillo encendido en el cenicero para burlarse de ti. En algún momento tienes que parar porque no lo hará. Tienes que admitir que no puedes atraparlo. Que no se supone que debas atraparlo. En algún momento, tienes que soltarlo, quedarte quieto y permitir que la serenidad llegue a ti.

Elizabeth Gilbert
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