
La felicidad es consecuencia del esfuerzo personal. Luchas por ella, te esfuerzas por conseguirla, insistes en ella, e incluso a veces viajas por el mundo buscándola. Debes participar incansablemente en la manifestación de tus propias bendiciones. Y una vez que hayas alcanzado un estado de felicidad, nunca debes relajarte en su mantenimiento; debes hacer un gran esfuerzo para seguir ascendiendo a esa felicidad para siempre, para mantenerte a flote sobre ella. Si no lo haces, perderás tu satisfacción innata. Es fácil orar cuando estás angustiado, pero seguir orando incluso después de que la crisis haya pasado es como un proceso de sellado, que ayuda a tu alma a aferrarse a sus buenos logros.
Comer, rezar, amar

Elizabeth Gilbert
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