
María Estuardo tenía un perrito, un terrier de Skye, que le era muy fiel. Instantes después de que María fuera decapitada, quienes la observaban vieron que sus faldas se movían y pensaron que su cuerpo sin cabeza intentaba ponerse de pie. Pero el movimiento resultó ser el de su perro, al que había llevado consigo al cadalso, escondido entre sus faldas. Se dice que María Estuardo afrontó su ejecución con gracia y valentía (llevaba una camisa escarlata para indicar que estaba siendo martirizada), pero no creo que hubiera podido ser tan valiente si no hubiera estado abrazando con fuerza a su terrier de Skye, sintiendo su cálido y sedoso pelaje contra su piel temblorosa.
Nombre en clave Verity

Elizabeth Wein
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