
¿Alguna vez, cuando eras pequeño, soportaste las advertencias de tus padres, luego esperaste a que salieran de la habitación, quitaste las tapas protectoras y consideraste insertar algún objeto metálico en un enchufe? ¿Te preguntaste si por una vez podrías iluminar la habitación? Cuando fuiste lo suficientemente grande como para cruzar la calle solo, ¿alguna vez esperaste una señal, escuchaste la frenética aproximación de un camión de bomberos y sentiste ganas de ponerte delante? ¿Te preguntaste hasta dónde te llevaría ese viaje en cohete? Cuando eras casi adulto, ¿alguna vez te sentaste en un baño de burbujas, con el sudor acumulándose, viste un secador de pelo enchufado al alcance de la mano y pensaste en dejarlo caer al agua? ¿Te preguntaste si la esperada adrenalina podría de alguna manera decepcionarte? Y ahora, ¿alguna vez cuelgas los dedos de los pies sobre el precipicio, desafías al acantilado a derrumbarse, desafías a la deidad congelada a sufrir el sol, descongelas plumas y huesos, alzas el vuelo para volar a casa?
Quemada

Ellen Hopkins
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