
Se necesitan hombres y mujeres cuyas oraciones den al mundo el máximo poder de Dios; que hagan que Sus promesas florezcan con abundantes y plenos resultados. Dios espera escucharnos y nos desafía a que, mediante la oración, lo llevemos a obrar. Hoy nos pide, como lo hizo con su antiguo Israel, que lo pongamos a prueba ahora mismo. Detrás de la Palabra de Dios está Dios mismo, y leemos: «Así dice el Señor, el Santo de Israel, su Hacedor: Preguntadme acerca de las cosas venideras, y acerca de mis hijos, y acerca de la obra de mis manos, mandadme». Como si Dios se pusiera en manos y a disposición de su pueblo que ora, como de hecho lo hace. El elemento dominante de toda oración es la fe, que es evidente, fundamental y enfática. Sin tal fe es imposible agradar a Dios, e igualmente imposible orar.
El arma de la oración

EM Bounds
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