
El optimismo espera lo mejor sin ninguna garantía de que llegue y, a menudo, no es más que un silbido en la oscuridad. La esperanza cristiana, en cambio, es la fe que mira hacia el cumplimiento de las promesas de Dios, como cuando el servicio funerario anglicano inhuma el cuerpo «con la firme y cierta esperanza de la Resurrección a la vida eterna, por medio de nuestro Señor Jesucristo». El optimismo es un deseo sin fundamento; la esperanza cristiana es una certeza, garantizada por Dios mismo. El optimismo refleja ignorancia sobre si las cosas buenas llegarán alguna vez. La esperanza cristiana expresa la certeza de que cada día de su vida, y cada momento después, el creyente puede afirmar con verdad, basándose en el compromiso de Dios, que lo mejor está por venir.

Empacador JI
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