
Por lo tanto, cuando afirmamos que el placer es el fin, no nos referimos a los placeres de los libertinos ni a aquellos que consisten en la sensualidad, como suponen algunos ignorantes, que no están de acuerdo con nosotros o que no comprenden, sino a la ausencia de dolor físico y de angustia mental. Pues no son las borracheras y los desenfrenos continuos, ni la satisfacción de las pasiones, ni el disfrute de pescados y otros lujos de la mesa de los ricos, los que producen una vida placentera, sino el razonamiento sobrio, el escrutinio de los motivos de toda elección y desistimiento, y el rechazo de las meras opiniones, que son las que mayor perturbación causan en el espíritu.

Epicuro
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