
Estos dos desarrollos arrojan luz sobre la que quizás sea la diferencia más fundamental entre el Renacimiento y todos los periodos artísticos anteriores. Hemos visto repetidamente que existían circunstancias que podían obligar al artista a distinguir entre las proporciones «técnicas» y las «objetivas»: la influencia del movimiento orgánico, la influencia del escorzo de la perspectiva y la consideración de la impresión visual del espectador. Estos tres factores de variación tienen algo en común: todos presuponen el reconocimiento artístico de la subjetividad. El movimiento orgánico introduce en el cálculo de la composición artística la voluntad subjetiva y las emociones subjetivas de lo representado; el escorzo, la experiencia visual subjetiva del artista; y esos ajustes «eurítmicos» que alteran lo correcto en favor de lo que parece correcto, la experiencia visual subjetiva de un posible espectador. Y es el Renacimiento el que, por primera vez, no solo afirma, sino que legitima y racionaliza formalmente estas tres formas de subjetividad.
El significado en las artes visuales

Erwin Panofsky
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