
Nuestro mundo se desmorona silenciosamente. La civilización humana ha reducido la planta, una forma de vida de cuatro millones de años, a tres cosas: alimento, medicina y madera. En nuestra implacable y cada vez más intensa obsesión por obtener mayor volumen, potencia y variedad de estas tres cosas, hemos devastado la ecología vegetal hasta un punto que millones de años de desastres naturales no podrían haber logrado. Las carreteras han crecido como un hongo descontrolado y los kilómetros interminables de cunetas que las flanquean sirven como tumbas apresuradas para quizás millones de especies vegetales extinguidas en nombre del progreso. El planeta Tierra es casi un cuento del Dr. Seuss hecho realidad: cada año desde 1990 hemos creado más de ocho mil millones de tocones nuevos. Si continuamos talando árboles sanos a este ritmo, dentro de menos de seiscientos años, todos los árboles del planeta se habrán reducido a un tocón. Mi trabajo consiste en asegurar que quede alguna evidencia de que alguien se preocupó por la gran tragedia que se desarrolló durante nuestra era.
Chica de laboratorio

Esperanza Jahren
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