
Al final, sientes que tu tan cacareada e inagotable fantasía se está cansando, debilitando, agotando, porque inevitablemente superarás tus viejos ideales; se hacen añicos y se convierten en polvo, y si no tienes otra vida, no te queda más remedio que reconstruir tus sueños a partir de esos fragmentos y ese polvo. ¡Pero el corazón anhela algo diferente! Y es inútil escarbar en las cenizas de tus viejas fantasías, tratando de encontrar siquiera una pequeña chispa para avivar una nueva llama que caliente el corazón helado y reviva todo aquello que puede hacer que la sangre corra salvajemente por tus venas, llenar tus ojos de lágrimas… ¡todo aquello que puede engañarte tan bien!
Noches blancas

Fiódor Dostoievski
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