
El viejo dicho es que no hay ateos en las trincheras. Eso es un disparate. Hay millones. En combate, poco lleva a uno a mirar al Creador con buenos ojos. Lo que no puede haber allí, en cambio, es el individualista, el egoísta, el ensimismado, el solitario distante. Un hombre así no puede sobrevivir mucho tiempo. El terror del combate no se puede describir con el miedo a la muerte. Hay cosas peores. El mundo puede convertirse de repente en un lugar muy frío… Necesita calor, fuego, para sobrevivir: su disciplina, su entrenamiento, su deber, su honor y su patria, su familia y, en última instancia, la mismísima esencia de su hombría, son arrojados al fuego, pero no bastan para salvarlo. Al final, necesita el calor de sus camaradas. De lo contrario, lo único que tendrá para afrontar la fría oscuridad será su propia alma consumida.
La Bestia Agazapada: Relato de un teniente del ejército de los Estados Unidos sobre la batalla de Hamburger Hill, mayo de 1969.

Frank Boccia
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