
Una procesión de los condenados: Por condenados me refiero a los excluidos. Tendremos una procesión de datos que la ciencia ha excluido. Batallones de los malditos, capitaneados por datos pálidos que he exhumado marcharán. Los leerás, o marcharán. Algunos de ellos lívidos, otros ardientes, otros podridos. Algunos son cadáveres, esqueletos, momias, temblando, tambaleándose, animados por compañeros que han sido condenados vivos. Hay gigantes que pasarán, aunque profundamente dormidos. Hay cosas que son teoremas y cosas que son harapos. Pasarán, como si pudieras, brazo con brazo con el espíritu de la anarquía. Aquí y allá caminarán pequeñas rameras. Muchos son payasos, pero muchos son de la más alta respetabilidad. Algunos son asesinos. Hay hedor pálido y supersticiones demacradas y meras sombras y malicias vivas, caprichos y amabilidades, lo ingenuo y lo pedante y lo bizarro y lo grotesco y lo sincero y lo insincero, lo profundo y lo pueril. Una puñalada y una risa y las manos pacientemente cruzadas de una decencia desesperada. ¡Los ultrarrespetables! Pero los condenados, en fin.
El Libro de los Condenados

Fuerte de Carlos
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