Gabriel García Márquez

El Dr. Urbino atrapó al loro por el cuello con un suspiro triunfal: ça y est. Pero lo soltó inmediatamente porque la escalera se resbaló de sus pies y por un instante quedó suspendido en el aire y entonces se dio cuenta de que había muerto sin Comunión, sin tiempo para arrepentirse de nada ni para decir adiós a nadie, a las cuatro y siete minutos del Domingo de Pentecostés. Fermina Daza estaba en la cocina probando la sopa para la cena cuando oyó el grito horrorizado de Digna Pardo y los gritos de los sirvientes y luego de todo el vecindario. Dejó caer la cuchara de degustación y trató de correr a pesar del peso invencible de su edad, gritando como una loca sin saber aún lo que había sucedido bajo las hojas de mango, y su corazón dio un vuelco en sus costillas cuando vio a su hombre tendido de espaldas en el lodo, muerto a esta vida pero aún resistiendo el golpe final de la muerte por un último minuto para que ella tuviera tiempo de ir a él. La reconoció a pesar del alboroto, entre lágrimas de un dolor irrepetible por morir sin ella, y la buscó por última vez con ojos más luminosos, más afligidos, más agradecidos de que ella los hubiera visto alguna vez en el medio siglo de una vida compartida, y logró decirle con su último aliento: «Solo Dios sabe cuánto te amé».
– Gabriel García Márquez –


Autor frase

El Dr. Urbino atrapó al loro por el cuello con un suspiro triunfal: ça y est. Pero lo soltó inmediatamente porque la escalera se resbaló de sus pies y por un instante quedó suspendido en el aire y entonces se dio cuenta de que había muerto sin Comunión, sin tiempo para arrepentirse de nada ni para decir adiós a nadie, a las cuatro y siete minutos del Domingo de Pentecostés. Fermina Daza estaba en la cocina probando la sopa para la cena cuando oyó el grito horrorizado de Digna Pardo y los gritos de los sirvientes y luego de todo el vecindario. Dejó caer la cuchara de degustación y trató de correr a pesar del peso invencible de su edad, gritando como una loca sin saber aún lo que había sucedido bajo las hojas de mango, y su corazón dio un vuelco en sus costillas cuando vio a su hombre tendido de espaldas en el lodo, muerto a esta vida pero aún resistiendo el golpe final de la muerte por un último minuto para que ella tuviera tiempo de ir a él. La reconoció a pesar del alboroto, entre lágrimas de un dolor irrepetible por morir sin ella, y la buscó por última vez con ojos más luminosos, más afligidos, más agradecidos de que ella los hubiera visto alguna vez en el medio siglo de una vida compartida, y logró decirle con su último aliento: «Solo Dios sabe cuánto te amé».

El amor en los tiempos del cólera


Autor FraseaME

Gabriel García Márquez


citas, citas célebres, citas de Gabriel García Márquez, citas famosas, declaraciones de Gabriel García Márquez, diálogos de Gabriel García Márquez, dichos famosos, frase célebre, frases, frases célebres, frases célebres de Gabriel García Márquez, frases de Gabriel García Márquez, frases famosas, frases hechas, obras de Gabriel García Márquez, proverbios, refranes, El amor en los tiempos del cólera
© Licencia cedida a FraseaME. Licencia CC BY-NC 4.0 NC
📲 Copia este código QR para compartir la frase dónde quieras
QR del artículo

¿Quieres publicar tus pensamientos, reflexiones o tus propias frases?

Publica tus obras
Comparte esta frase:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *