
Dado que Aureliano tenía entonces ideas muy confusas sobre la diferencia entre conservadores y liberales, su suegro le dio algunas lecciones esquemáticas. Los liberales, decía, eran masones, mala gente, que querían ahorcar a los sacerdotes, instaurar el matrimonio civil y el divorcio, reconocer los derechos de los hijos ilegítimos como iguales a los de los legítimos y dividir el país en un sistema federal que le arrebataría el poder a la supremacía. Los conservadores, en cambio, que habían recibido su poder directamente de Dios, proponían el establecimiento del orden público y la moral familiar. Eran defensores de la fe de Cristo, del principio de autoridad, y no estaban dispuestos a permitir que el país se fragmentara en entidades autónomas.

Gabriel García Márquez
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