
De todas formas, lo olvidas todo. Primero, olvidas todo lo que aprendiste: las fechas del Tratado Hay-Herran y el Teorema de Pitágoras. Sobre todo, olvidas todo lo que no aprendiste realmente, sino que memorizaste la noche anterior. Olvidas los nombres de casi todos tus profesores, y con el tiempo también los olvidarás. Olvidas tu horario de clases de tercer año, dónde te sentabas, el número de teléfono de tu mejor amigo y la letra de esa canción que debiste haber escuchado un millón de veces. En mi caso, era algo de Simon & Garfunkel. ¿Quién sabe cuál será para ti? Y con el tiempo, pero lentamente, muy lentamente, olvidas tus humillaciones; incluso las que parecían imborrables se desvanecen. Olvidas quién era popular y quién no, quién era guapo, inteligente, atlético y quién no. Quién fue a una buena universidad. Quién organizaba las mejores fiestas. Quién podía conseguirte marihuana. Los olvidas a todos. Incluso a los que dijiste que amabas, e incluso a los que realmente amabas. Son los últimos en irse. Y luego, cuando ya has olvidado lo suficiente, te enamoras de otra persona.
Memorias de una adolescente amnésica

Gabrielle Zevin
📲 Copia este código QR para compartir la frase dónde quieras
¿Quieres publicar tus pensamientos, reflexiones o tus propias frases?
Publica tus obras