
Rechazo las reformas en materia de bienestar animal y las campañas centradas en un solo tema porque no solo son incompatibles con los principios de justicia que deberíamos defender si realmente creemos que la explotación animal es un error, sino porque, en la práctica, resultan inviables. Los animales son propiedad y proteger sus intereses tiene un coste; por lo tanto, el nivel de protección que se les otorga siempre será bajo y, aun en las mejores circunstancias, seguirán siendo tratados de maneras que constituirían tortura si se aplicaran a los seres humanos. Al respaldar reformas que supuestamente hacen que la explotación sea más «compasiva» o campañas centradas en un solo tema que sugieren falsamente que existe una distinción moral coherente entre la carne y los lácteos, entre la piel y la lana, o entre el bistec y el foie gras, traicionamos el principio de justicia que establece que todos los seres sintientes son iguales a efectos de no ser utilizados exclusivamente como recursos humanos. Y, en la práctica, lo único que conseguimos es que la gente se sienta mejor con respecto a la explotación animal.

Gary L. Francione
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