
Tom nunca había tenido dificultad en distinguir un pointer de un setter, una vez que se le había explicado la diferencia, y su capacidad de percepción no era en absoluto deficiente. Me imagino que era tan aguda como la del reverendo Stelling; pues Tom podía predecir con exactitud cuántos caballos galopaban detrás de él, podía lanzar una piedra justo en el centro de una onda dada, podía calcular con una precisión de una fracción cuántas longitudes de su bastón necesitaría para cruzar el patio de recreo, y podía dibujar cuadrados casi perfectos en su pizarra sin ninguna medida. Pero el señor Stelling no se fijó en esas cosas: solo observó que las facultades de Tom le fallaban ante las abstracciones horriblemente simbolizadas en las páginas de la Gramática de Eton, y que se encontraba en un estado que rozaba la idiotez con respecto a la demostración de que dos triángulos dados debían ser iguales, aunque podía discernir con gran prontitud y certeza que lo eran.
El molino del Floss

George Eliot
📲 Copia este código QR para compartir la frase dónde quieras
¿Quieres publicar tus pensamientos, reflexiones o tus propias frases?
Publica tus obras