
Una característica distintiva del verdadero cristianismo será su vigor intelectual y su búsqueda de sentido en cada aspecto de la vida. El verdadero cristianismo siempre será crítico, inquisitivo y se desarrollará continuamente en su comprensión de Dios y de la vida humana. El objeto de la religión es toda experiencia humana. En la comprensión cristiana, Dios es inmanente, es decir, está presente en todas las cosas, y la creación misma es un signo, y un signo eficaz, de la presencia de Dios: un sacramento. Por eso se ha hecho tanto hincapié en la erudición y el aprendizaje en la tradición cristiana. La fe, como escribió San Anselmo, «busca la comprensión», pues la verdadera fe consiste en confiar en que Dios obra en todo y que no hay cuestión que quede fuera del ámbito de la indagación religiosa. Cuando la fe en Dios se debilita, el elemento crítico también se debilita, y habrá más advertencias contra las falsas doctrinas que estímulo para desarrollar nuestra comprensión. Si no se fomenta el elemento crítico, los cristianos permanecerán infantiles en sus creencias y prácticas religiosas, que tendrán poca o ninguna relación con la vida y el comportamiento cotidianos.

Gerard Hughes
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