
Te diferencias de un gran hombre en un solo aspecto: el gran hombre fue alguna vez un hombre insignificante, pero desarrolló una cualidad importante: reconoció la pequeñez y la estrechez de sus pensamientos y acciones. Bajo la presión de una tarea de gran importancia para él, aprendió a ver cómo su pequeñez, su mezquindad, ponía en peligro su felicidad. En otras palabras, un gran hombre sabe cuándo y de qué manera es un hombre insignificante. Un hombre insignificante no sabe que es insignificante y teme saberlo. Oculta su mezquindad y estrechez tras ilusiones de fuerza y grandeza, la fuerza y la grandeza de otro. Se enorgullece de sus grandes generales, pero no de sí mismo. Admira una idea que no ha tenido, ni una que sí ha tenido. Cuanto menos comprende algo, más firmemente cree en ello. Y cuanto mejor comprende una idea, menos cree en ella.
¡Escucha, hombrecito!

Guillermo Reich
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