
Actualmente, las mentes más brillantes y mejor educadas de cualquier nación no se encuentran entre sus representantes electos, sino entre la ciudadanía, y en mucha mayor cantidad. Sin embargo, incluso contar con un gran número de los mejores y más brillantes entre nosotros no nos capacita para instaurar de inmediato una versión funcional de la democracia directa. Quienes afirman lo contrario, tal vez lo hagan con la intención, voluntaria o involuntariamente, de dañar la credibilidad de la democracia directa. Esta necesita una infraestructura aún inexistente que respalde el nuevo mecanismo que permita a la ciudadanía adquirir la experiencia necesaria para su implementación, sin desestabilizar nuestras sociedades con prisas innecesarias, emociones desbordadas y divisiones. Una forma de lograrlo podría ser la constitución de un organismo nacional, dependiente de internet y, por lo tanto, flexible y apolítico, paralelo pero totalmente hermético a nuestras democracias representativas, con un objetivo único: crear los medios, plataformas y protocolos necesarios para que el público y todos los especialistas que lo integran se comuniquen horizontalmente. El público podría decidir mantener por el momento nuestras democracias representativas, pero crear en paralelo una versión experimental de democracia directa hasta que todos adquiramos la perspectiva necesaria e inventemos nuevos mecanismos de autogobierno. Posteriormente, el público podría decidir que tanto las democracias representativas como las directas compartan el gobierno durante un tiempo, y experimentar de primera mano las ventajas y desventajas de ambos sistemas antes de decidir qué camino seguir.

Haroutioun Bochnakian
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