
Si me preguntaran: «¿Crees en fantasmas o en lo sobrenatural?», solo podría responder, en cierto modo, lo siguiente: Creo en otro mundo que penetra este y aquel, y como bien dice Milton: «Millones de criaturas espirituales caminan por la tierra / Invisibles, tanto cuando estamos despiertos como cuando dormimos». Deploro la falsa división cartesiana, pues la considero un golpe terrible para la mente humana. Para mí, el mundo de la imaginación, que funciona por medio de la analogía, es tan real, a su manera, como el mundo exterior cotidiano. Para mí, los mitos son verdades vitales; los dioses y diosas aún viven en ese poderoso plano arquetípico que se encuentra más allá de nuestro ser y, sin embargo, también dentro de nosotros. Ahora bien, esto puede parecer ilógico, una intrincada red de contradicciones. ¿Creer en todas las verdades espirituales, en todas las religiones y todos los credos, venerar a un solo Dios y a muchos? Esto puede inquietar al teólogo, pero no al místico. Pues, para la mente mística, el Uno puede convertirse en lo Múltiple, lo Múltiple en Uno. La verdad espiritual y poética —la visión trascendental, es decir— abarca tanto la razón como la ética, pero se eleva por encima de ellas.
Aquellos a quienes los antiguos dioses aman

Harvey Peter Sucksmith
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