
El amor son los brazos de la Madre divina; cuando esos brazos se extienden, toda alma cae en ellos. Los sufíes de todas las épocas han sido conocidos por su hermosa personalidad. Esto no significa que entre ellos no haya habido personas con grandes poderes, dones maravillosos y sabiduría. Pero más allá de todo eso, lo que más se conoce de los sufíes es el lado humano de su naturaleza: ese tacto que los sintonizaba con sabios y necios, con pobres y ricos, con fuertes y débiles, con todos. Se encontraban con cada uno en su propio plano, hablaban con cada uno en su propio idioma. ¿Qué enseñó Jesús cuando les dijo a los pescadores: «Vengan acá, los haré pescadores de hombres»? No quiso decir: «Les enseñaré maneras de sacar lo mejor del hombre». Solo quería decir: tu tacto, tu compasión extenderá sus brazos ante toda alma que se acerque, como los brazos de una madre se extienden para sus pequeños.

Hazrat Inayat Khan
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