
Mírennos. Construimos autopistas gigantescas y coches mortalmente rápidos para matarnos unos a otros y suicidarnos. En lugar de refugios antibombas, construimos gigantescos y frágiles edificios de cristal por todo Manhattan, en la Zona Cero, a trescientos metros de altura, abiertos al cielo, donde una mujer se desnuda ante un intruso y lo incita a violarla. Rodeamos las fronteras de Rusia con plataformas de lanzamiento de misiles y luego gritamos que nos amenaza. En toda la historia, jamás ha habido un ejemplo más espeluznante de la expresión sádico-masoquista del instinto de Tánatos que la conducta actual de Estados Unidos. Los nazis, en comparación, eran unos angelitos.
¡Que no pare el carnaval!

Herman Wouk
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