
Dado que Dios vive en el corazón, no debía buscar a un Ser allá arriba en el cielo… ¡mi camino hacia Dios no era hacia afuera, sino hacia adentro! La única manera de acercarme a Dios era ordenarme lo suficiente dentro de mí para poder experimentarlo en mi interior. Cuando nuestras emociones están desbocadas y nuestras mentes están confusas… y nuestra imaginación trabaja horas extras, hay tanto ruido interno que no podemos oír la voz apacible de Dios. Tantas veces a lo largo de mis años como madre me había sentido cansada, abrumada y agotada. Tantas veces sentía que no podía tener ningún espacio personal para pensar, con el continuo ataque de «¡Mamá! ¡Mamá!» que venía de los niños, o el trabajo que no había terminado mirándome fijamente a la cara. Necesitaba tiempo de tranquilidad a solas.

Holly Pierlot
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