
Lo que me impactó al comenzar a estudiar historia fue cómo el fervor nacionalista —inculcado desde la infancia mediante juramentos de lealtad, himnos nacionales, banderas ondeando y discursos grandilocuentes— impregnaba los sistemas educativos de todos los países, incluido el nuestro. Me pregunto ahora cómo serían las políticas exteriores de Estados Unidos si elimináramos las fronteras nacionales del mundo, al menos en nuestra mente, y consideráramos a todos los niños del planeta como nuestros. Entonces jamás podríamos lanzar una bomba atómica sobre Hiroshima, ni napalm sobre Vietnam, ni librar guerras en ningún lugar, porque las guerras, especialmente en nuestra época, son siempre guerras contra los niños, contra nuestros propios hijos.
Una historia del pueblo de los Estados Unidos

Howard Zinn
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