
El único poder capaz de efectuar transformaciones del orden (de Jesús) es el amor. Fue necesario que el siglo XX descubriera que, dentro del átomo, reside la energía del sol mismo. Para que esta energía se libere, el átomo debe ser bombardeado desde el exterior. Así también, en cada ser humano reside una reserva de amor que participa de lo divino: la imago dei, imagen de Dios… Y también esta solo puede activarse mediante el bombardeo, en este caso, el bombardeo del amor. El proceso comienza en la infancia, donde la sonrisa amorosa, inicialmente unilateral, de una madre despierta el amor en su bebé y, a medida que se desarrolla la coordinación, provoca su sonrisa de respuesta… Un ser humano amoroso no se produce mediante exhortaciones, reglas ni amenazas. El amor solo puede echar raíces en los niños cuando les llega, inicialmente y sobre todo, de padres que los nutren. Ontogenéticamente hablando, el amor es un fenómeno de respuesta. Es, literalmente, una reacción.
Las religiones del mundo: Nuestras grandes tradiciones de sabiduría

Huston Smith
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