
El amor no es un incendio forestal que arde con intensidad, calor y sin control por un breve instante hasta que, agotado su combustible desechable, chisporrotea, buscando en vano algo más que consumir, que lo sostenga antes de que, finalmente, muera: ceniza fría y negra, la única evidencia de su desaparición. El amor es, en cambio, una fogata: proporciona calor y consuelo suficientes a la pareja que se sienta frente a ella, y aunque sus llamas puedan menguar a veces, las brasas de una fogata bien cuidada pueden ser alimentadas y avivadas hasta que las llamas vuelvan a danzar brillantes y alegres, brindando consuelo a la pareja que aprecia el suave calor que les proporciona.
El paradigma de enero

J. Conrad Invitado
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