
De los libros extraje el pegamento que mantenía unida mi psique mientras luchaba por mantenerse íntegra. Fue de las historias y los mitos de donde aprendí a soñar, a imaginar una vida diferente, a vislumbrar potenciales y probabilidades distintas a las de la dolorosa existencia sumida en la pobreza en la que me encontraba de niña. Con un libro podía esconderme en un rincón, a salvo de la mano dura y el cinturón de mi padrastro, y por un rato no preocuparme de dónde vendría nuestra próxima comida, ni dónde dormiríamos esa noche, ni cuándo mi madre colapsaría y tendría que ser internada de nuevo en el psiquiátrico. Los libros, para mí, eran pequeñas balsas salvavidas a las que me aferraba desesperadamente.
Disparando sin pensar: fotografías y ensayos

J. Don Cook
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