
Cada vez que abres un libro por primera vez, hay algo parecido a forzar una caja fuerte. Sí, exactamente: el lector frenético es como un ladrón que ha pasado horas cavando un túnel para entrar en la cámara acorazada de un banco. Al salir, se encuentra cara a cara con cientos de cajas fuertes, todas idénticas, y las abre una a una. Y cada vez que se abre una caja, pierde su anonimato y se vuelve única: una está llena de cuadros, otra de un fajo de billetes, una tercera de joyas o cartas atadas con cintas, grabados, objetos sin valor alguno, cubiertos de plata, fotografías, monedas de oro, flores secas, carpetas de papeles, copas de cristal o juguetes infantiles, y así sucesivamente. Hay algo embriagador en abrir una nueva, descubrir su contenido y sentir una alegría inmensa al darte cuenta de que, en un instante, ya no estás frente a un conjunto de cajas, sino en presencia de las riquezas y las miserables banalidades que conforman la existencia humana.
Fantasmas en las estanterías

Jacques Bonnet
📲 Copia este código QR para compartir la frase dónde quieras
¿Quieres publicar tus pensamientos, reflexiones o tus propias frases?
Publica tus obras