
Entre todos los sucesos posibles en el universo, la probabilidad a priori de cualquiera de ellos es prácticamente nula. Sin embargo, el universo existe; en él deben ocurrir eventos particulares, cuya probabilidad (antes del evento) era infinitesimal. En la actualidad, no tenemos fundamentos legítimos para afirmar ni negar que la vida tuvo un único comienzo en la Tierra y que, en consecuencia, antes de su aparición, sus posibilidades de ocurrir eran prácticamente nulas. El destino se escribe simultáneamente con el evento, no antes. El universo no estaba preñado de vida ni la biosfera de hombre. Nos tocó nuestro turno en el juego de Montecarlo. ¿Acaso sorprende que, como quien acaba de ganar un millón en el casino, nos sintamos extraños y un poco irreales?
Azar y necesidad

Jacques Monod
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