
La forma más elevada y fructífera de libertad humana se encuentra en la aceptación, incluso más que en la dominación. Demostramos la grandeza de nuestra libertad cuando transformamos la realidad, pero aún más cuando la aceptamos con confianza tal como se nos da día tras día. Es natural y fácil adaptarse a las situaciones agradables que surgen sin que las elijamos. El problema surge, obviamente, cuando las cosas son desagradables, van en nuestra contra o nos hacen sufrir. Pero es precisamente entonces cuando, para ser verdaderamente libres, a menudo se nos llama a elegir aceptar lo que no queríamos, e incluso lo que no hubiéramos querido a ningún precio. Aquí reside una ley paradójica de la vida humana: ¡uno no puede ser verdaderamente libre a menos que acepte no serlo siempre! Para alcanzar la verdadera libertad interior, debemos entrenarnos para aceptar, pacífica y voluntariamente, muchas cosas que parecen contradecir nuestra libertad. Esto significa consentir nuestras limitaciones personales, nuestras debilidades, nuestra impotencia, tal o cual situación que la vida nos impone, etc. Nos resulta difícil hacerlo, porque sentimos una repulsión natural hacia las situaciones que no podemos controlar. Pero lo cierto es que las situaciones que realmente nos hacen crecer son precisamente aquellas que no controlamos.
Libertad interior

Jacques Philippe
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