
No creo que las balas de largo alcance que disparo den la marca de un hombre; apenas soy consciente de que me están deshumanizando. Son mi opio para sobrellevar mi tiempo aquí. Pero con cada impacto que dan, solo me brindan un respiro de un pasado del que no puedo escapar y del presente en el que he elegido sumergirme. Y, arraigado como estoy en la realidad de esta colina, aún no aprecio del todo cómo esta adicción está infectando mi futuro con maldiciones. Con este comportamiento clínico, psicopáticamente distante considerado normal, apropiado y esperado en este pasillo, todavía no puedo detenerme a pensar —porque no puedo permitírmelo aquí— en cómo estos respiros pueden estar ennegreciendo mi alma en todo el tiempo que me quede en mi propio hogar, si es que llego a vivir el resto de mis meses aquí, en algún otro rincón de este infierno de país.
Entre vosotros: La extraordinaria historia real de un soldado destrozado por la guerra.

Jake Wood
📲 Copia este código QR para compartir la frase dónde quieras
¿Quieres publicar tus pensamientos, reflexiones o tus propias frases?
Publica tus obras