
Querido Charles —escribió—. Después de escribirte para expresarte mi agradecimiento por toda la generosidad de nuestros amigos, sería imperdonable no escribirte también a ti. De todas las nuevas bendiciones de mi vida, la que más agradezco a Dios eres tú. Te agradezco que me hayas escrito a través de la correspondencia de Genteel y que me hayas elegido entre todas las demás mujeres ansiosas por vivir aventuras en el salvaje oeste. Te agradezco tu amabilidad y tu gentileza conmigo. Solo los hombres muy fuertes pueden ser gentiles. Te agradezco que compartas tu hogar y tu vida conmigo. Te agradezco que hayas inventado desayunos deliciosos. Y café con sabor a achicoria. Y oraciones que tranquilizan mi mente, inspiran mi espíritu y alegran mi corazón. Por tu sonrisa y la forma en que sostienes tu sombrero. Por lo que dices y cómo lo dices. ¿Sabías que rezo por ti todos los días? Sí. Rezo por tu seguridad y felicidad. Tuya en Cristo, Rose
Matrimonio por correo

Jan Holly
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