Janine Di Giovanni

La guerra significa espera interminable, aburrimiento interminable. No hay electricidad, así que no hay televisión. No puedes leer. No puedes ver a tus amigos. Te deprimes, pero no hay tratamiento y no tiene sentido quejarse: todos están igual de mal que tú. Es difícil enamorarse, o mejor dicho, difícil mantener el amor. Si eres adolescente, pareces detenido en el tiempo. Si estás gravemente enfermo —de cáncer, por ejemplo— no hay quimioterapia para ti. Si no puedes salir del país para recibir tratamiento, te quedas y mueres lentamente, con un dolor tremendo. Regresan las enfermedades de la época victoriana: la polio, la fiebre tifoidea y el cólera. Ves a tu alrededor a gente muy enferma que parecía estar perfectamente sana la última vez que la viste en tiempos de paz. Oyes toser todo el tiempo. Todo el mundo tose: por el polvo de los edificios destruidos, por las enfermedades, por el frío. En cuanto a tu antiguo mundo, desaparece, como el humo de un cigarrillo que ya no puedes permitirte comprar. ¿Dónde están tus amigos más cercanos? Algunos se han ido, otros han muerto. Los pocos que quedan no tienen nada nuevo de qué hablar. No puedes llegar a sus casas porque el camino está bloqueado por puestos de control. O los francotiradores te disparan al salir, así que te escabulles de vuelta adentro, como un cangrejo que se esconde en su caparazón. O puede que salgas el día equivocado y una bomba de barril, lanzada por un helicóptero del gobierno, caiga cerca de ti. Así es la guerra.
– Janine Di Giovanni –


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La guerra significa espera interminable, aburrimiento interminable. No hay electricidad, así que no hay televisión. No puedes leer. No puedes ver a tus amigos. Te deprimes, pero no hay tratamiento y no tiene sentido quejarse: todos están igual de mal que tú. Es difícil enamorarse, o mejor dicho, difícil mantener el amor. Si eres adolescente, pareces detenido en el tiempo. Si estás gravemente enfermo —de cáncer, por ejemplo— no hay quimioterapia para ti. Si no puedes salir del país para recibir tratamiento, te quedas y mueres lentamente, con un dolor tremendo. Regresan las enfermedades de la época victoriana: la polio, la fiebre tifoidea y el cólera. Ves a tu alrededor a gente muy enferma que parecía estar perfectamente sana la última vez que la viste en tiempos de paz. Oyes toser todo el tiempo. Todo el mundo tose: por el polvo de los edificios destruidos, por las enfermedades, por el frío. En cuanto a tu antiguo mundo, desaparece, como el humo de un cigarrillo que ya no puedes permitirte comprar. ¿Dónde están tus amigos más cercanos? Algunos se han ido, otros han muerto. Los pocos que quedan no tienen nada nuevo de qué hablar. No puedes llegar a sus casas porque el camino está bloqueado por puestos de control. O los francotiradores te disparan al salir, así que te escabulles de vuelta adentro, como un cangrejo que se esconde en su caparazón. O puede que salgas el día equivocado y una bomba de barril, lanzada por un helicóptero del gobierno, caiga cerca de ti. Así es la guerra.

La mañana en que vinieron a buscarnos: Crónicas desde Siria


Autor FraseaME

Janine Di Giovanni


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