
Es muy extraño este dominio de nuestro intelecto por parte de nuestros órganos digestivos. No podemos trabajar, no podemos pensar, a menos que nuestro estómago así lo quiera. Nos dicta nuestras emociones, nuestras pasiones. Después de huevos y tocino dice: «¡Trabaja!» Después de bistec y cerveza negra, dice: «¡Duerme!» Después de una taza de té (dos cucharadas por taza, y no la dejes reposar más de tres minutos), le dice al cerebro: «Ahora levántate y muestra tu fuerza. Sé elocuente, profundo y tierno; mira, con ojos claros, hacia la Naturaleza y hacia la vida: extiende tus blancas alas de pensamiento tembloroso y vuela, un espíritu divino, sobre el mundo que gira bajo ti, ¡a través de largos caminos de estrellas llameantes hasta las puertas de la eternidad!»
Tres hombres en un barco

Jerome K. Jerome
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