
Quizás sea cierto que en nuestra cultura saturada de sexo se requiere cierta autodisciplina para resistir la tentación de tener relaciones sexuales, pero la moderación no equivale a moralidad. Y seamos honestos: si se tratara simplemente de resistir la presión social y ser fuertes, las mujeres que tienen relaciones sexuales porque realmente lo desean —por más espantosa que les parezca a quienes defienden la abstinencia— no serían criticadas. Porque la «fortaleza» que implica la decisión de estas mujeres radicaría en hacer lo que quieren a pesar de la presión en contra, no en resistir el acto sexual en sí.
El mito de la pureza: cómo la obsesión de Estados Unidos con la virginidad perjudica a las mujeres jóvenes.

Jessica Valenti
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