Jodi Picoult

Si tuviera que contarles cómo los humanos llegaron a la Tierra, sería así: Al principio, no había nada más que la luna y el sol. Y la luna quería salir durante el día, pero había algo mucho más brillante que parecía llenar todas esas horas. La luna se volvió hambrienta, más y más delgada, hasta que solo fue un trozo de sí misma, y sus puntas eran tan afiladas como un cuchillo. Por accidente, porque así es como suceden la mayoría de las cosas, hizo un agujero en la noche y de él brotaron millones de estrellas, como una fuente de lágrimas. Horrorizada, la luna intentó engullirlas. Y a veces esto funcionaba, porque se volvía más gorda y redonda. Pero la mayoría de las veces no funcionaba, porque eran demasiadas. Las estrellas seguían llegando, hasta que hicieron que el cielo brillara tanto que el sol se puso celoso. Invitó a las estrellas a su lado del mundo, donde siempre brillaba. Lo que no les dijo, sin embargo, fue que durante el día, nunca serían vistas. Entonces los tontos saltaron del cielo al suelo y se congelaron bajo el peso de su propia necedad. La luna hizo lo que pudo. Esculpió cada uno de esos bloques de tristeza dándoles la forma de un hombre o una mujer. Pasó el resto de su tiempo vigilando para que sus otras estrellas no cayeran. Pasó el resto de su tiempo aferrándose a los pocos restos que le quedaban.
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Si tuviera que contarles cómo los humanos llegaron a la Tierra, sería así: Al principio, no había nada más que la luna y el sol. Y la luna quería salir durante el día, pero había algo mucho más brillante que parecía llenar todas esas horas. La luna se volvió hambrienta, más y más delgada, hasta que solo fue un trozo de sí misma, y sus puntas eran tan afiladas como un cuchillo. Por accidente, porque así es como suceden la mayoría de las cosas, hizo un agujero en la noche y de él brotaron millones de estrellas, como una fuente de lágrimas. Horrorizada, la luna intentó engullirlas. Y a veces esto funcionaba, porque se volvía más gorda y redonda. Pero la mayoría de las veces no funcionaba, porque eran demasiadas. Las estrellas seguían llegando, hasta que hicieron que el cielo brillara tanto que el sol se puso celoso. Invitó a las estrellas a su lado del mundo, donde siempre brillaba. Lo que no les dijo, sin embargo, fue que durante el día, nunca serían vistas. Entonces los tontos saltaron del cielo al suelo y se congelaron bajo el peso de su propia necedad. La luna hizo lo que pudo. Esculpió cada uno de esos bloques de tristeza dándoles la forma de un hombre o una mujer. Pasó el resto de su tiempo vigilando para que sus otras estrellas no cayeran. Pasó el resto de su tiempo aferrándose a los pocos restos que le quedaban.


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Jodi Picoult


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