
El islam y el cristianismo prometen el paraíso eterno a los fieles. Y esa es, sin duda, una poderosa droga: la esperanza de una vida mejor. Pero hay una historia sufí que desafía la idea de que la gente cree solo por necesidad de una droga. Rabe’a al-Adiwiyah, una gran santa del sufismo, fue vista corriendo por las calles de su ciudad natal, Basora, con una antorcha en una mano y un cubo de agua en la otra. Cuando alguien le preguntó qué hacía, respondió: «Voy a tomar este cubo de agua y verterlo sobre las llamas del infierno, y luego usaré esta antorcha para quemar las puertas del paraíso, para que la gente no ame a Dios por falta de cielo o por miedo al infierno, sino porque Él es Dios».
Buscando Alaska

John Green
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